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De la inútil Cultura

          Hace mucho reflexiono sobre la “utilidad” de la Cultura, con las mayúsculas que requiere la diferencia entre “lo que hace el ser humano para modificar la naturaleza”, y lo que hace para darle sentido a la vida.            Lo hago inducido por el desgaste de editar en un medio mercantilista hasta la náusea, una Revista dedicada a “esa” Cultura. Y hacerlo por doce años con el casi único –y parco– auspicio de unos pocos Entes estatales, a los que agradezco, y con la indiferencia casi total de la empresa privada que no ve en una revista de ese tipo “un retorno adecuado de la inversión publicitaria”.  Pero critica que se acuda al Estado para sostener un esfuerzo editorial que, ¡gran error!, no tiene ánimo de lucro. Pero un libro acude en mi ayuda: La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, filósofo de la U. de Calabria.            Ordine cita a Víctor Hugo, quien, en 1848, decí...

La Tragedia, siempre al acecho…

El Mundial de Fútbol Brasil/50 pudo tener otro final y pudo tener otros protagonistas. Y el equipo que hubiese motivado ese cambio, era Italia. A lo largo de los años cuarenta, el mundo se masacraba en una guerra de locura de la mano del mayor monstruo en la historia de la humanidad, Adolfo Hitler, y el Calcio italiano seguía en los estadios de la “Italia azul y miel” con un Rey indiscutido: Il Grande Torino.  En esos momentos, el mejor Club de Europa. Cinco campeonatos al hilo constataban la superioridad de un equipo que se atrevía a jugar con dos defensas y cinco delanteros netos. Lo suyo era ganar. Tanto que en la temporada 1948/49, previa al Mundial, llegó a 93 partidos invicto, con 123 goles a favor, una victoria 10 x 0 frente al Milan, y 16 puntos de ventaja sobre el segundo. Y un jugador estrella: Valentino Mazzola. Mazzola, Capitán del cuadro turinés, era uno de los 10 jugadores del Torino que integraban una Selección italiana que ya pensaba, con optimismo no infundado, e...

Esos con la mano en la Pena…

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Son gentes curiosas. Viven aislados del mundanal ruido, meditabundos, como esperando algo del más allá. Y lo grave es que cada vez son más abundantes.  Uno se los encuentra detenidos en la vereda con la mano en la pena, ensimismados en el asiento trasero de un taxi, bisbiseando en el teatro, arrinconados tras la puerta en un bar, caminando presurosos hacia el baño en los restaurantes, conduciendo el auto con una mano, y –supongo– hasta en la iglesia murmurando, no precisamente oraciones, detrás del confesionario o la pila bautismal.  Se los distingue por el atuendo, aunque mucho me temo que cuando el virus –porque es un virus– se extienda, no se los podrá diferenciar de otros subgéneros de la especie humana. Por ahora, ellos llevan terno bien cortado, camisa de seda, corbata Sulka, zapatos Florsheim o sus equivalentes, y barriga incipiente como corresponde a la prosperidad de sueldo en dólares. Ellas, reloj Gucci, vestido sastre, aroma a Ferrè o Givenchi, y no más de cincuenta...

El hombre de las medias nches

        Tenía facciones bruscas pero, se me antojaba, confiables. Quizás eran los años, los míos, que me engañaban. Tal vez. Pero los hechos que narro le dan razones de sobra a la intuición.            Se llamaba Samuel y a su apellido vasco lo desmentían la tez cetrina, la nariz un poco ancha, los dientes blanquísimos y parejos, las manos de palmas blancas como si las hubiera restregado con jabón de la tierra y ladrillo áspero. El caballo no le iba diferente: negro retinto, con las patas delanteras blancas desde abajo de la rodilla. Tenía una franja, blanca también, entre los ojos. Como el tajo de un cuchillo.             Solía caer por casa de vez en cuando: tres o cuatro veces al año. Siempre a la media noche. Mi madre le tenía un afecto especial, pero nunca lo esperaba. Sin embargo, era la única en oír el silbido que rasgaba el silencio y la tiniebla. "Llegó Samuel", decía inco...

UN DESCUIDO FAMILIAR… UN ALJIBE Y UNA VIRGEN… 

No juraría si el hecho, en su azaroso dramatismo, se grabara en mi memoria como remoto pero indeleble recuerdo, o si su repetición familiar en los años sucesivos lo instalara en ella como tal. Lo cierto es que la nítida imagen ulterior no obedece apenas a la tradición familiar ni a los fugaces relámpagos de la memoria remota: está allí desde siempre.  Me veo subiendo a gatas una larga escalera al final de la cual está la madre, menos con los brazos abiertos que con el gesto hosco dibujado por el susto, mientras mi parla de medialengua repite la pegajosa sílaba devota: ía, ía, ía… Otros elementos del relato los agregaron protagonistas y testigos o, ficcionales y aleatorios, los ha construido la memoria a lo largo de los años. El lector sabrá discernirlos. En todo caso, poco faltó para que aprendiera a bucear antes que a caminar. Pues caminé tarde y hablé tarde, quizá para tomar inicial impulso a mi destino de lenguaraz impenitente, y al hábito caminador que todavía me lleva por mont...

El escolar-cronista y su primer crimen

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No, no fue el cronista el asesino. Tampoco el muerto, valga la aclaración. Pero sí testigo. Asustado testigo. Y el hecho, no menos real que sus eventuales protagonistas, no merece en su azarosa contingencia el oprobio del olvido.  El pueblo transitaba entonces un camino de violencia cuyos inicios se situaban meses atrás, en la muerte de un famoso político asesinado en la remota Bogotá por un hombre fanático y resentido, de quien jamás se supo si procedía por cuenta propia o instigado por intereses incómodos con la ideología del caudillo: masacrado por la multitud enfurecida, vaya uno a saber si también inducida por quienes quisieron silenciarlo, se llevó a la tumba el secreto de su crimen.   No serían más allá de las dos de la madrugada de un día precedido por una noche de sobresaltos y avemarías. La abuela y la madre habían encabezado el rosario a poco de morir el sol, y, terminada la ceremonia que involucraba al abuelo reticente, al padre indiferente y al distraído esco...

REFLEXIÓN INFORMADA SOBRE EL CANDIDATO A LA PRESIDENCIA

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          Ayer, en un post que publiqué en mi Muro FB, inquiría sobre quién era el candidato que la Revolución Ciudadana había designado en formula con el ex Presidente Rafael Correa para la Presidencia del Ecuador a partir de mayo de 2021. Y exponía mis preocupaciones y dudas al respeto, nacidas de un hecho simple: Alejado de los avatares del Poder Político, los altos funcionarios de los gobiernos de los que he sido testigo como residente y ciudadano, me son casi desconocidos. Los que logro ubicar por mi trabajo periodístico, son desde luego los que más “suenan” no tanto por sus capacidades y labores cuanto por su presencia en los medios de prensa por las razones que sean. Pero Andrés Aráuz no fue un Funcionario vedette sino un aporte fundamental durante el Gobierno de Rafael Correa. Tuvo bajo perfil porque, eso pienso hoy que lo conozco mejor por las informaciones recibidas de lectores de este muro, mis propias investigaciones sobre el personaje y varias entre...